Los sistemas adecuados de almacenamiento, y las condiciones correctas, según los materiales constituyen un factor fundamental de la conservación preventiva. Los locales deben estar bien sustentados, controlados climáticamente, ventilados, limpios, protegidos contra factores biológicos de deterioro, y con las medidas adecuadas contra el fuego.
Todos los objetos requieren para su almacenamiento condiciones específicas dependiendo de su naturaleza. Los materiales necesitan atmósferas secas. Los objetos de plomo, sensibles a los ácidos orgánicos que pueden desprenderse de estantes de madera, sobretodo de roble y madera sin curar, se corroen intensamente. La plata debe estar completamente aislada de compuestos sulfurosos. El mármol es muy sensible al contacto con los materiales de embalaje y almacenamiento, sobretodo si hay humedad, produciéndose manchas. Los papeles y libros se conservan mejor sin luz. Los pergaminos necesitan un control constante de la humedad que evite el exceso de sequedad que les vuelve quebradizos. En estos últimos casos se archivan en cañoneras entre papeles neutros. Las pinturas se almacenan en sistemas de peines o rejillas, colgadas y ventiladas. Para ahorrar espacio se emplean sistemas compactos de estanterías y peines.